9 DE OCTUBRE DE 2011

LA RONCALESA
DEL SIGLO XIX AL SIGLO XXI

Texto: Fernando Hualde

Foto: Diario de Noticias

Durante 128 años “La Roncalesa” se ha dedicado al transporte de viajeros. Nos acercamos hoy a una historia que tiene punto final.

A finales de este pasado mes de septiembre nos sorprendía la noticia de que, después de 128 años de funcionamiento, la compañía de transportes de viajeros “La Roncalesa” dejaba de realizar este servicio. No vamos a entrar aquí en un análisis de las causas que han llevado a esto, sino en el hecho real de que desde el siglo XIX, concretamente desde 1883, esta empresa ha forjado a golpe de kilómetros una de las páginas mas bonitas de la historia empresarial de Navarra.


Desde 1883

Vamos a situarnos, en un alarde de imaginación, en aquél lejano año de 1883, y además nos vamos a situar, geográficamente, en el valle de Roncal. Durante todos esos años previos se había trabajado duramente en abrir la caja de la carretera que desde el sur hacia el norte recorría todo el valle. Atrás quedaban esos esfuerzos de titanes por darle paso a través de las foces de Burgui y de Sigüés, rompiendo la montaña a base de pico y mazas, convirtiendo y estrecho camino de herradura en un camino ancho, transitable para carros y coches de caballos; y me resisto a dejar de recordar que buena parte de aquellos trabajos fueron realizados por mujeres.
Lo cierto es que aquella nueva vía de comunicación abría las puertas a un nuevo mundo. Era una vía de entrada, y a la vez era una vía de escape. Supuso el principio del fin para las almadías, para la indumentaria, para la milenaria lengua roncalesa…; por allí entraron los arrieros importando nuevas modas; por allí entraron las cuadrillas de andaluces para trabajar en la selva; por allí entraban periódicos y revistas que hablaban de otro mundo; por allí entró maquinaría que vino a sustituir a las herramientas tradicionales; y por allí entraron los turistas que enseguida acudieron atraídos por la fama de las propiedades curativas de los balnearios de Urralegui y de Mintxate. Para algunos roncaleses esa carretera simbolizaba el progreso, y en consecuencia, simbolizaba también al demonio.
En la parte alta del valle los ganaderos no perdieron el tiempo; aquella carretera les facilitaba el acceso a todos los mercados y ferias; también para ellos se abría un nuevo mundo de posibilidades. Y fue así, de esta manera, como un amplio colectivo de ganaderos, dos decenas de personas, con un capital social inicial de 10.000 pesetas, decidió poner en marcha un servicio de viajeros al que denominaron “La Roncalesa”. Era el 24 de enero de 1883.


Rivalidad

Aquella nueva empresa de transporte de viajeros estaba compuesta por un coche de caballos, a modo de diligencia, que cubría el trayecto Uztárroz – Liédena. Dicen que sus primeros viajes fueron, por Las Coronas, hasta Lumbier, pero que la construcción de la nueva carretera, afirmación esta que no me atrevo a confirmar.
¿Y porqué hasta Liédena y no hasta Pamplona?. Es muy sencillo, en Liédena se acababa la carretera. Allí acababa el viaje, y quien quisiera ir a Pamplona debía de utilizar el servicio de la barca para cruzar el río, y desde la otra orilla era otra la empresa que cubría ese trayecto hasta la capital.
Además, entre el valle de Roncal y Liédena, estaba el balneario de Tiermas, que se complementaba con los citados en el Roncal, y propiciaba un movimiento de viajeros que hoy no somos capaces de sospechar ni de imaginar. Todo tenía su razón de ser.
Tuvo “La Roncalesa” unos años cómodos, de bonanza y beneficios, exentos tal vez de introducción de mejoras. Pero… sucedió un buen día que en Isaba el gremio de los comerciantes –eternos rivales de los ganaderos-, liderados por Ángel Galé, decidieron allá por el año 1900, poner en marcha otra empresa de transporte de viajeros. Entre aquél grupo de emprendedores figuraban también Lorenzo Ezquer Txibarriko, Vicente Claver, otro tal Vicente (de casa Juan Vicente), Teodoro Baraze Kartutxo, otro tal Conget Konye, Telesforo Pérez, y otro más del que sabemos que se apellidaba Dronda y que desde Isaba se había afincado en Zaragoza. A la nueva compañía la bautizaron con el nombre de “El Progreso Roncalés”.
Evidentemente pusieron un coche mucho mejor y con más caballos que el que tenía “La Roncalesa”; lo que obligó a esta, si no quería quedarse sin viajeros, a mejorar notoriamente su vehículo.
Ante este empate de servicios los comerciantes de Isaba hicieron que “El Progreso Roncalés”, a su llegada a Liédena, obsequiase a sus viajeros con un desayuno con chocolate y bizcocho. “La Roncalesa” no pudo ser menos.
Posteriormente Ángel Galé le dotó a “El Progreso Roncalés” del primer vehículo a motor que entró al valle, un ómnibus diseñado para el transporte de viajeros; y “La Roncalesa” tampoco pudo quedarse atrás en esto.
En 1910 es cuando se construyó el puente de Liédena dentro de las obras de construcción del trazado del ferrocarril eléctrico “El Irati”. “El Progreso Roncalés” no se lo pensó dos veces, y desde ese momento prolongó su trayecto hasta Pamplona. Sobra decir que tan solo unos días después el valle de Roncal se permitía el lujo de tener nada menos que dos compañías de transportes de viajeros que cubrían el trayecto Uztárroz – Pamplona.
Pero que nadie piense que esta divertida y curiosa rivalidad acaba con esto. Ángel Galé, con otros socios, compró en San Sebastián la torre de Igueldo y los terrenos de su entorno, creando en la capital donostiarra un parque de recreo turístico en el mismísimo monte Igueldo. Y es así como “El Progreso Roncalés”, además de viajar hasta Pamplona, llegó también hasta San Sebastián. Y “La Roncalesa”, en su afán de no ser menos, introdujo en sus servicios el nuevo trayecto de Pamplona a San Sebastián, aunque por poco tiempo.
Y Ángel Galé, por aquello de rizar el rizo, completó su servicio de transportes hasta San Sebastián con la creación de un funicular que subiese hasta el monte Igueldo. Era el año 1912.
La rivalidad rallaba en lo ridículo, o en lo cómico, y fue el propio Galé quien ofreció acabar con tan absurda competencia. Y es así como en el año 1920 “La Roncalesa”, tras haberse visto obligada a reducir el precio de sus billetes, pudo comprar por 50.000 pesetas “El Progreso Roncalés”; de tal forma que desde ese momento “La Roncalesa” se quedaba, en exclusiva, con el transporte de viajeros desde Uztárroz hasta Pamplona, y desde Pamplona hasta San Sebastián; mientras que Ángel Galé se reservó el funicular, es decir, desde San Sebastián hasta Igueldo. Esta, y no otra, es la razón y la explicación de que “La Roncalesa” viajase a San Sebastián.


La Nueva Roncalesa

El año anterior, 1919, “La Roncalesa” había dado como empresa un paso muy importante. Bajo la dirección del roncalés Antonio Garjón, y con un número de socios mucho más amplio –la mayoría roncaleses- y no necesariamente vinculados al mundo de la ganadería, la empresa se refundó bajo el nombre de “La Nueva Roncalesa” y bajo el marco jurídico de Sociedad Anónima.
Tras el desembolso económico que les permitió comprar “El Progreso Roncalés”, y que obligó al propio Garjón a poner de su dinero, la empresa tuvo que ampliar el capital social, hasta 160.000 pesetas. No eran tiempos buenos.
Todavía hay quien recuerda aquellos letreros que se hicieron para promocionar el uso de “La Roncalesa”; ponía en ellos: “Roncaleses, acordaos por quien viajáis bien y barato”. Aún y todo, en octubre de 1924, se recurrió a reducir el servicio, reservando los viajes tan sólo para la temporada de verano.
Poco más tarde, en junio de 1926, “La Roncalesa”, con gran visión de futuro, decide reanudar los viajes que quince años antes había dejado de hacer, es decir, cubrir el trayecto de Pamplona a San Sebastián. Parece que la senda abierta por Ángel Galé no había sido mala. La prueba es que este nuevo giro de la empresa le reportó beneficios, hasta el punto de que los socios por vez primera pudieron conocer lo qué era repartir dividendos, e incluso pudieron renovar su flota de vehículos con la adquisición de dos modelos nuevos que permitieron retirar de la circulación al viejo autobús Hispano. Incluso en 1928 se pudieron permitir el lujo de construir unas cocheras para albergar sus vehículos.
A nadie se le escapaba que el servicio de la línea que cubría Uztárroz – Pamplona era deficitario. De hecho, durante mucho tiempo, años y años, los beneficios que se obtenían con los viajes a San Sebastián servía para mantener la línea original. Pese a ello nadie concebía eliminar la línea que recorría el valle; ¿cómo un autobús llamado “La Roncalesa” iba a dejar de ir al valle de Roncal?. Y aguantó, aguantó, y aguantó hasta 1978. Ese año, por vez primera en la historia de esta empresa, “La Roncalesa”, aquél autobús de aspecto rechoncho y de un color azul muy claro, dejó de recorrer el Roncal, quedando desde entonces a “La Tafallesa” la exclusividad de este servicio.
Se quedaban atrás aquellas viejas estampas de “La Roncalesa” abriéndose paso entre los rebaños de ovejas, con la baca atiborrada de equipajes e incluso a veces de jovenzuelos. La llegada a cada uno de los pueblos era todo un espectáculo; allí acudían los dueños de los comercios a por las mercancías que recibían de Pamplona; y allí acudían también los curiosos que gustaban de saber quien llegaba y quien se iba. Fue traumática la desaparición de esta línea, pero los accionistas se vieron compensados con un despegue económico de la empresa. Prueba de ello es que en 1983 nuevamente se volvió a modernizar la flota de vehículos, y desde entonces se ha venido haciendo con una frecuencia que antes ni se soñaba.
Más tarde vinieron los acuerdos con Conda (1988), en la que finalmente desembarcaron en 1992 con un 33% del capital, hasta llegar a asumir “La Roncalesa” la dirección y la gestión de Conda, que en ese momento era la empresa más importante existente en Navarra de transporte de viajeros por carretera.
El problema, dicen, es que en Conda, además de “La Roncalesa”, estaban otras dos empresas de fuera de Navarra, que eran Alsa (Asturias), y Ágreda Automóvil S.A. (Zaragoza). Las discrepancias entre estos tres socios es lo que ha hecho que finalmente, en este año 2011, “La Roncalesa” haya decidido abandonar Conda, vendiendo su parte. La entrada de Alsa en 2007 hizo que Conda se alejase del proyecto empresarial en el que estaba embarcado bajo la dirección de “La Roncalesa”.
Probablemente toda esta etapa final permita muchas matizaciones y puntualizaciones, y sea bastante más compleja de lo expuesto en cuatro líneas, pero la realidad, dolorosa, está alli.

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