26 DE AGOSTO DE 2012

VIRGEN DE LOS CONJUROS DE ARBEIZA
LEYENDAS Y MILAGROS

Texto: Fernando Hualde



A veces nos encontramos con parcelas de nuestra historia que habían permanecido inexplicablemente ocultas. Un libro de Carmelo San Martín nos desvela la gran importancia que tuvo Arbeiza dentro del mundo de la brujería.

No es casual que en el valle de Allín a los vecinos del concejo de Arbeiza les conozcan con el apodo de brujos. Y digo que no es casual porque esta localidad de Tierra Estella fue, en su tiempo, ese punto geográfico en el que confluían brujas, brujos, personas endemoniadas, acusados, acusadores, y cuantos querían librarse de los maleficios de los que creían ser víctimas. Hasta allí acudían gentes de procedencias muy diversas, de un amplísimo ámbito geográfico, y convencidas todas ellas de que allí, en Arbeiza, aquella imagen de la Virgen, a través de unos conjuros, habría de ser la solución de aquellos maleficios que afectaban a personas, animales y haciendas.
El paso de los años, y de los siglos, ha difuminado aquél recuerdo y aquella realidad de que hasta la Virgen de los Conjuros, en Arbeiza, venían gentes de todos los lugares con la intención de sanar sus maleficios. Había ya quedado en el olvido de los investigadores e historiadores que, en otra época, y durante mucho tiempo, Arbeiza fue el santuario más importante de todo el tercio peninsular contra el mal de ojo, la brujería y las enfermedades nerviosas que afectaban al comportamiento de las personas. Poco a poco aquello fue perdiendo fuerza, llegando a pasar totalmente desapercibido en los tiempos actuales.


Puesta en valor

Carmelo San Martín Gil nos ha sorprendido este año con la publicación de un buen libro, “Virgen de los Conjuros de Arbeiza. Leyendas y milagros”, en el que con gran acierto viene a rescatar la memoria de todo aquello que en su día fue este fenómeno de los conjuros. El autor rescata este recuerdo, y seguidamente lo pone en valor, vía editorial, para que quede perpetuado. Lo hace además con respeto, sin caer en la ridiculización ni en la exaltación, a las que este tipo de temas parecen invitar a otras personas. Carmelo San Martín, con la colaboración de la propia parroquia de Santa María de Arbeiza, nos ha dejado en el papel toda una historia de historias, lo que hoy se sabe y lo que hoy se cuenta, sin caer en sensacionalismos, bien documentado, y muy bien expuesto.
Cierto es que conjuros y exorcismos se han realizado en toda Navarra. Son todavía muchas las iglesias en nuestra tierra que conservan los conjuratorios, esos balcones que había en la fachada desde los cuales los clérigos proclamaban con toda solemnidad los conjuros oportunos contra la sequía que asolaba los cultivos, contra la peste que penetraba en las casas, o contra el enemigo invasor que destruía y quemaba nuestros pueblos en nombre de no sé que rey, o del Bonaparte de turno.
Tampoco faltaban advocaciones marianas a las que se llevaban personas para, ante su presencia, ser libradas de los demonios que en ellas habitaban; allí está el caso de Nuestra Señora de Doniansu (Muru-Astrain), de la Virgen de Arburua (valle de Salazar), de Nuestra Señora de las Nieves (Oroz Betelu), o de la Virgen de Zuberoa (Garde), acudiendo a esta última aquellas mujeres endemoniadas, popularmente conocidas como auchas, que desde toda Francia acudían en caballerías para postrarse a sus pies.
Y sin embargo… Arbeiza era diferente. La especialidad y la particularidad de la iglesia de este lugar era la de curar, a través de sus vicarios, utilizando el conjuro adecuado, a todos los enfermos espiritados, a todas aquellas personas endemoniadas, víctimas de embrujamientos, o indiciadas de maleficios.
Este hecho diferencial, que se dice ahora, es lo que Carmelo San Martín expone y desarrolla en su libro, poniendo ejemplos concretos, aportando datos, y a la vez recogiendo del patrimonio oral las creencias y leyendas que han llegado hasta nuestros días.


Leyendas

Según indica el autor, los exorcismos de Arbeiza tenían lugar en el altar de la Virgen; previamente el enfermo y sus acompañantes habían asistido a la misa, y es tras la celebración eucarística cuando, ante esta imagen mariana, y siguiendo el ritual de la iglesia, el sacerdote proclamaba los conjuros y exorcismos para librar del demonio a la persona enferma. Tampoco faltaban devotos que pasaban por los pies de la Virgen de los Conjuros alguna prenda, sobre todo pañuelos, que eran los que se empleaban, a modo de toca, para cubrir la cabeza.
Y quien dice expulsar demonios, dice también conjurar a aquellas personas con enfermedades difíciles de diagnosticar, dolores sin especificar, vómitos, espasmos, convulsiones, sudores por las noches, etc., síntomas todos estos que, en muchos casos, iban acompañados de la creencia generalizada de que era el demonio quien habitaba ese cuerpo. Pero, además de todo esto, hasta esta imagen mariana acudían también aquellas mujeres que se habían quedado sin leche en sus pechos tras el parto, e incluso aquellas mal casadas, o divorciadas.
Dicen que manadas de brujas rodeaban la localidad de Arbeiza tratando de impedir la curación de los endemoniados, impidiendo así que numerosas personas, aojados y hechizados, pudiesen llegar hasta el pueblo. Se decía que las caballerías se negaban a cruzar la muga del pueblo, “y se espantaban o se ponían a piafar y a relinchar, negándose a seguir adelante. Otras caían muertas en el camino. Al llegar a la puerta de la iglesia algunos no podían entrar en ella. Otros, más suspicaces, atribuían este fenómeno a cierto olor, como de guindillas o cuerno quemado, que ponía locos a los animales y que era provocado por la mano del hombre”, recoge Carmelo San Martín. Incluso en la posada donde se alojaban los peregrinos que desde otras tierras acudían hasta Arbeiza, se decía que la fachada “se doblaba” con peligro de derrumbamiento, efecto este que se atribuía a la acción de las brujas y demonios que llegaban en los cuerpos de los enfermos.
Lo cierto es que ante la Virgen de los Conjuros de Arbeiza acudían gentes con todo tipo de problemas; por ejemplo, desde Villamayor acudió una señora bajo la creencia de que estaba endemoniada “porque las sayas se le caían”. Otro señor fue desde la localidad riojana de Galilea porque decía que todas las noches entraba un gato negro a la cuadra de su casa y se le morían las vacas. También desde Herce, otra localidad de La Rioja, un vecino marchó a Arbeiza “a que le echasen los exconjuros y le leyeran los Evangelios”; aquél hombre contaba de unas brujas que le salieron en el camino convertidas en yeguas, las cuales no sólo le impidieron llegar al pueblo, sino que lo cercaron y “acocearon con toda saña”.


¿Ficción o realidad?

Estas y muchas más historias, anécdotas y leyendas recoge Carmelo San Martín Gil en su nuevo libro, lo cual, ya de entrada, lo convierte en un libro extremadamente entretenido. Pero ya he advertido al principio que el tema lo había abordado el autor con suma rigurosidad. A toda esta exposición de lo que hoy podríamos considerar como chascarrillos, le sigue una parte documental, rescatada del olvido en su día por José María Jimeno Jurío; es una parte que nos habla de pleitos, que nos desvela que ya desde finales del siglo XVI se acudía a esta iglesia, que en los siglos XVII y XVIII se produce la cota más alta de asistencia a este templo y de popularidad de la Virgen de los Conjuros. Y desde esa realidad, la historia nos muestra que ya entonces había una preocupación por parte de la iglesia por separar lo posible y lo imposible, siendo en muchos casos la propia iglesia la más escéptica a la hora de dar crédito a esos supuestos milagros que los devotos exaltaban a diestro y siniestro como acción milagrosa de Dios.
A su vez, todos estos pleitos que se conservan en el Archivo Diocesano, nos desvelan también que tampoco faltaron clérigos que se aprovecharon de la inocencia de aquellas gentes, de la misma forma que tampoco faltaron maridos que se aprovecharon la inocencia de sus mujeres, y seguramente que también a la inversa habría habido algún caso.
Lo verdaderamente importante es que toda esta historia en torno a la brujería, que hasta ahora había quedado marginada en los estudios de Julio Caro Baroja, o de Florencio Idoate, por poner un par de ejemplos próximos a nosotros, ha quedado ahora recogida y documentada a través de este trabajo de Carmelo San Martín. Es un libro fácil de leer, ameno, riguroso, altamente interesante desde el punto de vista etnográfico, y que pone en valor una parcela de nuestro patrimonio que, permaneciendo semioculta a nivel popular, ha sido rescatada y perpetuada para orgullo de los brujos de Arbeiza.

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